¿Para qué estoy aquí?

Actualizado: 14 abr

La historia de cómo di respuesta a esta pregunta y de cómo puedes hacerlo tú también


Siempre me han gustado las historias. Antes de saber leer ya jugaba con mis muñecos y vivía todo tipo de aventuras sin salir de mi habitación. Cuando crecí un poco empecé a leer infinidad de cuentos y de adolescente me aficioné a los libros y los cómics (especialmente los de origen japonés). Me quedaba embobado viendo las series de dibujos y era, y sigo siendo, un gran fan de Disney. También me disfrazaba continuamente interpretando todo tipo de personajes y recuerdo ir al cine con mi padre todos los fines de semana.


Me encantaban especialmente aquellas historias en las que l@s protagonistas abandonan una vida cotidiana para enfrentarse a grandes desafíos. Aquellas en las que l@s protagonistas debían superarse a sí mism@s, aprender, crecer y comprometerse con una causa mayor para, finalmente, Vivir su Destino.


Hoy sigo conservando mi pasión por las historias y gracias a mi profesión tengo la oportunidad de conocer las historias vitales de decenas de personas.


Creo, que todos tenemos (al menos) dos historias. La que hemos vivido y la que nos queda por vivir.


Desde bien pequeño, sentí dentro de mí una sensación muy fuerte. Era una especie de voz interior que me susurraba algo. Al principio no sabía qué era lo que decía exactamente pero con el tiempo esa voz, esa sensación, tomó la forma de una pregunta que se repetía constantemente dentro de mí con mucha fuerza: “¿Para qué estoy aquí?


Esta es la historia de cómo encontré la respuesta a esta pregunta.


Como la mayoría de personas, y como seguramente también te pasó a ti, cuando era adolescente no escogí realmente mi camino.


Es cierto que nadie me apuntó con una pistola y me obligó a tomar las decisiones que tomé pero estaba demasiado condicionado por mi entorno social y familiar como para escoger libremente.


Cuando llegó el día de hacer la solicitud para la Universidad y tenía que decidir que iba a hacer los próximos 5 años y que además me condicionaría para el resto de mi vida, (o eso pensaba en aquel momento) no tenía ni idea de qué camino escoger.


En ese momento estaba completamente paralizado sin saber qué hacer. Le pregunté a mi padre… Y le dije papá, “¿qué te parece si hago derecho?”


Porque él es abogado. Menudo criterio de elección ¿verdad?… cómo mi padre es abogado pues venga pues yo también. Pero es lo que hacemos. Él me dijo: “ni se te ocurra hijo, no estudies derecho, estudia una ingeniería que eso sí que son carreras de verdad”.


¿Y qué hice yo?, “tonto de mi” que quería la aprobación de mi padre, pues estudiar una ingeniería. No le culpo, ahora entiendo que él estaba igual de condicionado que yo.


Afortunadamente, cuando llevaba un año me dije a mi mismo, “pero qué demonios hago yo aquí”, y lo dejé. Sin embargo, el año siguiente seguía sin saber qué camino tomar y empecé ADE (Administración y Dirección de empresas) en la Universidad de Barcelona, una carrera que tenía “muchas salidas” y que en principio me aseguraba un buen trabajo al acabar.


Y es que desde pequeños nos han enseñado que para ser una persona “de provecho” debemos seguir un camino determinado. El camino impuesto por la sociedad. Un camino que es el mismo para todos.


Ya sabes a qué me refiero: “estudia, saca buenas notas, ve a la universidad, encuentra un empleo seguro, cásate, compra una casa, ten hijos, trabaja muy duro toda tu vida y cuando por fin te jubiles ENTONCES (quizás) tendrás tiempo para lo que verdaderamente te gusta”. ¿Te suena?


Como sociedad parece que queramos personas hechas con un mismo molde. ¿Y cuándo no encajas en ese molde? ¿entonces qué?


Esto es lo que me pasó a mí y quizás también a ti.


Cuando acabé la carrera todos mis amigos entraron en banca o empresas de auditoría y consultoría… y yo me dije “no, no, no, esto no es para mi”.


Seguía sin tener claro hacia dónde ir y todavía no había sabido responder a la pregunta que me acompañaba desde siempre pero al menos, pensaba yo, esta vez sabía lo que no quería. Ya había cometido el error de seguir el “plan establecido” y no quería volver a cometerlo.


Me mudé a Madrid y empecé una nueva etapa. Por un tiempo me dejé llevar e intenté no pensar en aquella pregunta. Empecé a trabajar de relaciones públicas y en organización y producción de eventos, principalmente musicales y viví unos años frenéticos llenos de desenfreno y diversión.


Creo que fue mi reacción a tantos años viviendo una vida que sentía que no había escogido. Supongo que era una manera de rebelarme contra “el sistema” y un intento de atender a esa llamada interior. Nada más lejos de la realidad. Con el tiempo aquella vida también dejó de tener sentido.


En ese momento me encontraba muy dividido. Por un lado sentía que la vida era algo más que trabajar de sol a sol, sin descanso y no tener tiempo para nada. Y, a la vez, que tampoco se trataba de pasar de todo y despreocuparse sin más, sin tener ningún motivo por el que levantarte cada mañana. ¿Entonces qué? ¿Para qué estoy aquí? Esta pregunta me atormentaba.


En aquel momento me parecían dos polos opuestos cuando eran, en realidad, dos caras de la misma moneda.


Este conflicto me provocaba un malestar que crecía cada vez más. Algo dentro de mí me decía que hemos venido a esta vida a disfrutar, conocer, descubrir y vivir aventuras y por otro sentía una enorme necesidad de hacer algo que tuviera valor y significado. De dejar un legado y de aportar algo al mundo. ¿Eran realmente incompatibles?


Si la vida no va de seguir el camino establecido y tampoco va de no seguir ningún camino. ¿Cuál es la respuesta?


Ahora sé que la respuesta es decidir y seguir tu propio camino. Pero aún me costó un poco más darme cuenta de ello y comenzar a recorrerlo.

A medida que iba transcurriendo el tiempo mi conflicto interno iba aumentando más y más. Influía en mi estado de ánimo y sin duda estaba afectando a mi bienestar físico y emocional. Además mi falta de claridad me hacía tomar decisiones totalmente aleatorias que suponían un alto coste de tiempo y dinero.


No le encontraba sentido a ninguna de las dos vidas y de alguna manera estaba “atrapado” entre las dos.


Probé distintos trabajos pero en ninguno me sentía lo suficientemente motivado y comprometido.


En 2013 un amigo me propuso asociarnos y desarrollar un proyecto juntos. Creamos una empresa (una compañía) y tras 2 años de intentos por sacar el proyecto adelante, fracasamos.


Tuvimos que cancelar el proyecto y disolver la sociedad. Además de la inversión perdida, habíamos contraído una deuda de 50.000€. Esto supuso un golpe muy duro para mí por el desgaste económico, físico, mental y emocional y tuve que tomar una decisión importante.


Así es como en 2015, arruinado y derrotado, dejé Madrid y volví a casa a recuperarme y “lamerme las heridas”.


Tuve que regresar a la casa de mi madre, a la que fue mi habitación de adolescente y me di cuenta de tres cosas: La primera; que de adolescente estaba obsesionado con Cameron Diaz, la segunda; es que mi habitación estaba llena de cómics, libros y películas y la tercera; que no podía seguir así (por mucho tiempo).


Comencé a trabajar para devolver la deuda y aunque me sentía totalmente desubicado y más perdido que nunca, sabía que iba a ser algo temporal y quería estar preparado cuando llegase el momento de escoger qué quería hacer a continuación, así que me pregunté:


¿Cuál es mi siguiente paso? ¿Hacia dónde quiero dirigir mi vida? ¿Para qué estoy aquí?


De nuevo, no sabía la respuesta.

Entonces fue cuando empecé a pensar en nuevas oportunidades. Quizás debía empezar un nuevo negocio que me apasionase. Quizás debía irme a vivir a otro país, conocer nuevas culturas. Ya había probado varias vías profesionales pero ninguna había funcionado. Quizás la siguiente sería diferente, quizás a la próxima lo cambiaría todo, pensaba.


En este momento vital, en el que me había propuesto dar por fin respuesta a esa pregunta que se venía repitiendo dentro de mí durante tanto tiempo, me di cuenta de que estaba volviendo a cometer los mismos errores.

En el tiempo que pasé en mi habitación en casa de mi madre me releí prácticamente todos los libros y cómics que tenía y recordé porque me encantaban esas historias. En la mayoría de ellas l@s protagonistas emprendían un viaje interior de autoconocimiento profundo que suponía el inicio de una nueva vida. Se embarcaban en una aventura plagada de dificultades y desafíos que les exigía aprender nuevos conocimientos y desarrollar nuevas habilidades.


Al final del viaje ya no eran l@s mis@s y curiosamente tod@s ell@s tenían algo en común: Tenían un propósito y algo que daba sentido a sus vidas. Y en ese momento lo vi claro. Habían encontrado su “PARA QUÉ”.


Fue en este momento cuando descubrí que la respuesta a mi malestar, no estaba afuera, sino que estaba adentro. Nada de lo que hiciese o dejase de hacer me podría dar las respuestas ya que estas se encontraban en mi interior.

Fui consciente de que a lo largo de mi vida me habían condicionado enormemente las creencias que tenía sobre el trabajo, el dinero y el sentido de la vida. No me conocía de verdad. Y sin duda no sabía lo que quería realmente ni de lo que era capaz. Era incapaz de comprometerme con nada y evitaba asumir la responsabilidad de mi vida. Esto me llevó a tomar decisiones desalineadas que afectaron a mi bienestar, a mi economía y a mis relaciones.


Había estudiado una carrera porque no sabía lo que quería. Había trabajado en diferentes ámbitos que no me llenaban y emprendido en cosas en las que había fracasado.


Fue entonces cuando sentí una enorme urgencia de conocerme y descubrir mi camino y mi propósito. Por este motivo empecé a formarme en Coaching, PNL, Inteligencia Emocional, Psicología positiva, etc. Todo lo que me llamara la atención y que tuviera que ver con conocerse a uno mismo y tener las herramientas para saber cuál es la vida que quieres y hacerla realidad.


Dicen que nacemos dos veces. Una el día en que llegamos a este mundo y otra el día que descubrimos para qué.


Aunque en ese momento no fui consciente del todo, mi segunda fecha de nacimiento fue el 20 de octubre de 2016 cuando empecé el Master en Coaching, PNL e Inteligencia Emocional.


Durante la formación descubrí gracias a mis maestros, qué era eso del propósito de vida y entendí que era la clave y la respuesta a esa pregunta que me había “perseguido” toda la vida. Un día, en una de las prácticas, conseguí conciliar aquellas dos partes enfrentadas y resolver mi conflicto interno en un ejercicio que jamás olvidaré.

Sólo cuando empecé el viaje hacia adentro empecé a tener verdadera claridad la cual me permitiría llegar a la luz de mi propósito. A partir de aquí mi motivación fue aumentando junto con la certeza de que estaba en el camino correcto. Todo empezaba a tener sentido.


Después de un intenso trabajo personal descubrí que, en mi caso, mi propósito se encontraba en mi sufrimiento superado. No saber qué era lo que realmente quería, cuál era mi camino, ni la dirección en que quería avanzar, en definitiva no conocer mi ¿PARA QUÉ? me había causado incontables momentos de dolor y sufrimiento y un alto coste en mi vida.

Ahora sé que mi propósito es inspirar y aportar valor para que cada vez más personas puedan conocer su propósito y vivir una vida con sentido, libertad y abundancia.

Esto lo hago a través del Coaching, la PNL y técnicas de storytelling, herramientas con las que conecté enseguida, sobre todo, por el hecho de que me permitía ayudar a las personas a tomar consciencia, a sentirse mejor y a conocer su propósito de una manera rápida, eficaz y poderosa.


Todo ello sin que tuvieran que correr riesgos innecesarios, tomar decisiones desalineadas con su esencia (con el coste de oportunidades, tiempo y dinero que eso supone), a diferencia de cómo hice yo.

Entre 2016 y 2017, mientras continuaba trabajando para pagar mi deuda, me certifiqué como Coach y Practitioner en Programación Neurolingüística.

A finales de 2018 decidí que era el momento de dar el salto y empezar a dedicarme a lo que había descubierto que era mi verdadera vocación.

Así que eso hice, y desde 2019 me dedico al Coaching de manera profesional. A la vez continué formándome en diferentes áreas, especialmente en Programación Neurolingüística y obtuve mis títulos de Master y Trainer en PNL con el Co-Creador Frank Pucelik y con Enrique Jurado.


En este tiempo que llevo ejerciendo me he dedicado a leer, investigar y formarme continuamente para poder descifrar todos los secretos sobre el propósito, la felicidad y el sentido de la vida, y he comprobado que el principal motivo por el que no vivimos la vida que queremos se encuentra dentro de nosotros. He verificado que si nuestras vidas no tienen sentido y no experimentamos abundancia es porque no vivimos una vida alineada con nosotros mismos y nuestro propósito.

Lo pude experimentar en primera persona durante prácticamente toda mi vida cuando me sentía perdido, desorientado y sin una dirección en la que avanzar.

Hoy puedo decir que sé lo que es levantarse cada mañana con ganas e ilusión. Me dedico a algo que me llena y he transformado mi vocación en mi profesión para vivir de mi talento.

Vivo una vida cada vez más alineada. Una vida con entusiasmo, libertad y abundancia económica, personal y espiritual.

He pasado de sentir un profundo vacío existencial a experimentar plenitud. Y aunque me queda mucho camino por recorrer ya no estoy perdido. Nunca más lo he vuelto a estar y sé que cada paso que doy tiene sentido porque sé a dónde voy.


Además gano dinero haciendo lo que me gusta aportando valor y contribuyendo al mundo.

(¿Cuántas veces has escuchado que esto no era posible?)


Ahora, quiero que otras personas puedan vivir lo mismo que yo a través de su propia historia. Por eso ayudo a personas como tú a escribir su verdadera historia. Esa que tod@s llevamos dentro y está esperando a ser contada.


Para eso creé mi programa Vive tu Destino, gracias a la experiencia que adquirí tras ayudar a decenas de personas a vivir la vida que quieren a partir de conocerse mejor, conectar con su esencia, descubrir su propósito y ponerlo en acción.


Mediante este método probado, y usando las herramientas que me sirvieron a mí, acompaño a otras personas a convertirse en protagonistas de su vida y recorrer su propio camino sea cual sea su edad, su nivel de formación o su situación personal.

Esto lo hago combinando Coaching, PNL, inteligencia emocional y mi pasión por las historias usando técnicas de storytelling.

Tú que me estás leyendo. Sé que en lo profundo de tu ser sientes que hay algo mucho más grande “esperándote”. ¿Y sabes qué? Estás en lo cierto.

Y es que todo ser humano tiene el talento y la capacidad para llevar a cabo aquello que ha venido a hacer. Lo único que la vida nos pide es ponerlo en práctica a nuestro servicio y al de los demás.

Mirar dentro de ti y observar lo que el mundo necesita y “encajarlos” de alguna manera. Es decir, reconocer tu valor e identificar los problemas del mundo dará como resultado una profesión consciente con la que te identifiques y que esté alineada contigo y con tu propósito. Esa es la clave para una vida plena y feliz.

Ha llegado el momento de convertirte en el protagonista de tu propia historia y contársela al mundo. ¿A qué esperas para vivir la vida que quieres y te mereces?


Reserva una sesión 1 a 1 conmigo en la que te ayudaré específicamente con estos 3 aspectos:

1. Te ayudaré, en primer lugar, a conocer cuál es tu situación actual para poder evaluar tu momento vital.

2. En segundo lugar te diré cómo conocerte, superar tus miedos y limitaciones y conectar con tu esencia para definir tu propósito de vida.

3. Y, por último, te mostraré cómo puedes llevar ese propósito a la práctica y empezar a vivir una vida a tu altura.


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