La valentía de ser tú mismo

Actualizado: 2 ago 2021

En el mundo de hoy mostrarnos como somos requiere un verdadero acto de valentía.



Recientemente, durante una sesión, una coachee me comentó que al juntarse con su grupo de amig@s, muchas veces no se sentía bien porque acababa haciendo cosas que no le apetecían, como ir a sitios que no le gustaban, tener conversaciones que no le interesaban, comer comida que no le sentaba bien y asumir un gasto que no le correspondía.


Quizás esto pueda parecer un caso extraordinario pero, en mayor o menor medida, prácticamente tod@s nosotr@s hacemos cosas para agradar, encajar y contentar a los demás. En definitiva para ser aceptados.


Desde bien pequeños nos enseñan a “encajar” socialmente y crecemos con miedo de mostrarnos como realmente somos por si eso supone que nos rechacen. El resultado es que vamos ocultando nuestra verdadera esencia bajo capas y capas de “identidad” que nos hacen olvidar quienes somos en realidad.


La sociedad contemporánea se ha convertido en un gran teatro. Al haber sido educados para comportarnos y actuar de una determinada manera, muchos de nosotros nos hemos convertido en personas que se esconden detrás de una personalidad. En vez de mostrarnos auténticos, honestos y libres –siendo coherentes con lo que en realidad somos y sentimos–, solemos llevar una máscara puesta, por medio de la que interpretamos a un personaje del agrado de los demás.


La verdad es que es realmente imposible gustar a todas las personas que nos rodean. Incluso aquellas personas que nos quieren y a las que gustamos, discreparán en algunas de nuestras conductas y cualidades.


Tal y como afirmaba el gran psicoterapeuta Albert Ellis, esa necesidad de ser aceptados por todos es probablemente la mayor causa de infelicidad, ya que nos lleva a actuar continuamente de acuerdo a las expectativas de los demás para conseguir su aprobación.


Al contrario de lo que pueda parecer, generalmente se corre menos riesgo de rechazo si uno se muestra a los demás tal como es; pueden tomarlo o dejarlo, pero si te aceptan, ya no tienes que preocuparte de “bajar la guardia” ni de que te rechacen más tarde.


No conseguir la aprobación de los demás puede generar un comportamiento inseguro y molesto perdiéndose con ello el interés de los demás. De esta manera acabamos provocando lo que queremos evitar.


No importa quiénes seamos, qué decisiones tomemos o cómo nos comportemos. Hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores, detractores y gente a quien le resultemos indiferente.

Pero entonces, ¿por qué fingimos? ¿Por qué aparentamos ser lo que no somos? ¿Por qué no tenemos el valor de seguir nuestro propio sendero en la vida? Seguramente por nuestra falta de confianza y autoestima y porque nadie nos dijo que era una opción.

Esto es algo lamentablemente muy común.

Como ser humano no eres responsable de la programación y el condicionamiento recibidos en tu infancia. Sin embargo, como adulto eres 100% responsable de cambiarla y adecuarla a lo que quieres y te beneficia hoy.

Ya es momento de reivindicar quienes somos y de vivir acorde a ello.

¿Qué sentido tiene vivir una vida en la que TÚ no encajas para encajar en la de otros?

Empieza a cultivar una sana relación de amistad contigo mism@, modificando la manera en la que te comunicas contigo a través de tus pensamientos.

Sólo así podremos aceptarnos, respetarnos y amarnos por el ser humano que somos, con nuestras cualidades, virtudes, defectos y debilidades.

Lo que está en juego es nuestra libertad para ser “auténticos”. Es decir, convertirnos en quienes verdaderamente somos, siguiendo los dictados de nuestra propia voz interior. Para ello debemos armarnos de valor y empezar a quitar las múltiples “capas de cebolla” con las que hemos sido condicionados y demostrar que, a día de hoy, ser uno mismo es un acto revolucionario de absoluta valentía.

¿Te unes a la revolución de l@s valientes?


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